Fobia a las alturas: “Ahora me siento libre”

16.Mar.17    Testimonios

Se denomina acrofobia al vértigo o miedo a las alturas. Candela Martínez, de 36 años de edad y manager en una empresa de Madrid, nos cuenta que “el vértigo me ha acompañado desde que tengo memoria, si bien desde hace unos seis años el miedo se había acentuado. No era necesario estar en una gran altura, un par de peldaños de una escalera de escalada era suficiente para que me empezasen a temblar las piernas, se me acelerase el pulso y me quedase bloqueada. Últimamente la cosa se había acentuado, y el simple hecho de ver a alguien en lo alto, hacia que se me apretase el pecho, aunque yo estuviera sana y salva en tierra firme. Al conocer mi fobia, siempre he evitado situaciones ‘de riesgo’, y esto me fue salvando de enfrentarme a ella… pero este truco funciona hasta que uno de tus mejores amigos escala, te cuenta lo que él siente al hacerlo, y al intentarlo tú sólo sufres. O hasta que te das cuenta de que has rechazado durante años el irte a esquiar con tu gente porque el solo hecho de pensar en un telesilla o un teleférico hace que tiembles”.

Candela ha vivido con la sensación de que se estaba perdiendo experiencias muy bonitas por culpa de este miedo. Sin embargo en una sola sesión con Mariano de los Santos, aplicando modernas técnicas de TIC y PNL, pudo deshacerse de ese vértigo y ahora se siente tranquila. “Mi yo escéptico total llegó a arrepentirse de haber entrado por aquella puerta. Pensé, ¿cómo te van a quitar ese miedo? lleva contigo toda la vida, hasta tu madre es igual que tú en eso… es genético y te aguantas. ¿Con lo bien que estarías tomándote una cerveza ahora y no haciendo cosas raras? Aún así la sonrisa y cálida voz de Mariano hacen que pronto te sientas cómoda, y que poquito a poquito vayas entrando en la sesión por muy extraño que te parezca todo. Trabajar con el subconsciente solo puede ocurrir si confías en tu coach, y él consigue que esto ocurra desde el principio. La sesión me pareció rara y salí de ella pensando que no funcionaría. Evidentemente (y afortunadamente) me equivoqué”, afirma.

Ahora las cosas han dado un giro completo. Candela relata que “tras la sesión, mi primera prueba de fuego fue apuntarme a un viaje a la nieve. Ya no tenía excusas. Admito que justo antes de subirme en el telesilla no las tenía todas conmigo, pero… allá fui y no pasó nada. Exactamente fue eso NADA. Tranquila total. Extrañada por la nula inquietud busqué el vértigo por todos los lados, mirando para abajo, hacia donde había más altura, donde había menos,… y solo fui capaz de disfrutar de las montañas nevadas y lo hermoso que era todo desde allí arriba. Ahora me siento libre. Se que esta fobia ya no bloqueará planes. Haré lo que me de la gana sea en las alturas o no. Decido yo, no ella”.