Enseñar inglés con PNL: Nadando hacia la excelencia

Una clase de inglés con un joven nadador, aspirante a ser uno de los mejores de Madrid. Le gusta el inglés, ha estado varios veranos en EEUU y algún día le gustaría volver.

Sin embargo los estudios no son su fuerte. Trabajamos los ejercicios de inglés día tras día y la progresión existe, pero es lenta. Demasiado. A menudo se distrae haciendo las tareas, las prisas le hacen no ceñirse a las reglas y a veces simplemente las olvida. La disciplina que este muchacho exhibe nadando no es la misma aprendiendo el idioma. Y es una lástima porque le sería de mucha ayuda.

Un día nos servimos de la Programación Neuro-Lingüistica para que, de ojos cerrados, conecte con una experiencia real de su vida en la que practica natación. Se trata de un momento en el que está en la piscina. Mira a través de sus gafas y ve las burbujas que provocan sus brazos al nadar, escucha el sonido de su respiración asi como el suave golpeo de su cabeza entrando y saliendo del agua en cada brazada, siente el agua envolviendo su cuerpo y la tensión muscular del ejercicio. Y sobre todo, por indicaciones de su entrenador, se concentra intensamente en aplicar la técnica de forma correcta, prestar atención a los detalles, subordinar las prisas de terminar por la calidad de hacerlo bien. Cuando completa el recorrido sale de la piscina y recibe la aprobación de su entrenador por el trabajo bien hecho. El muchacho se siente bien, orgulloso de sí mismo.

Abre los ojos y hacemos una pausa. A continuación recogemos esas sensaciones de estar en la piscina utilizando la concentración y la disciplina, y las aplicamos, nuevamente de ojos cerrados y siguiendo la técnica de PNL, a su última experiencia haciendo las tareas de inglés. Y de repente este reciente recuerdo empieza a modificarse. Lo que era un recuerdo de dispersión, prisas y olvido de las reglas de inglés se transforma en algo muy diferente. El joven revive ese momento en su cuarto, sentado en su escritorio haciendo los deberes, pero esta vez se concentra intensamente en aplicar la técnica de forma correcta, prestar atención a los detalles, subordinar las prisas de terminar por la calidad de hacerlo bien. Como si estuviera nadando. Lo revive transformando el recuerdo a medida que va haciendo los ejercicios de inglés uno por uno. Y cuando termina se siente bien, satisfecho, orgulloso.

Abre los ojos. Tras una pausa le pregunto qué ha aprendido del ejercicio y el muchacho comenta: “Me ha servido para darme cuenta que mi actitud en la piscina podría serme útil para aprender inglés, pero no sólo para eso. Me serviría en general en mi vida”.

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