El miedo a la soledad y la necesidad de controlar, como un match en Tinder

Un hombre llega a la consulta del coach y le expone abiertamente, “soy un maltratador, quiero que me ayudes”. Al coach le sorprende tanto su carta de presentación que sólo le sale contestarle “enhorabuena por estar aquí”.

El hombre hace el relato de cómo controla obsesivamente a su pareja, mira su móvil, la llama constantemente para ver dónde está, intenta aislarla de sus amistades, hace lo posible por estar con ella las 24 horas del día y coartarle así su espacio independiente… y un largo etc.

A las preguntas de por qué lo hace contesta “tengo miedo a perderla, a que me abandone y quedarme solo”. El coach hace un trabajo de búsqueda interior con el hombre, exploran y bucean para descubrir posibles causas de los miedos hasta que encuentran un duro evento que tuvo lugar cuando el hombre tenía tan sólo 3 años: su madre murió de forma dramática para él.

Se sintió abandonado y que perdía a la primera mujer de su vida.

Desde entonces el hombre cultivó un profundo miedo a la soledad y una obsesión por no repetir esa experiencia tan traumática. Por eso su forma de relacionarse con las mujeres era desde el control. Pensaba que cuanto más control ejerciera, más garantías tendría de no volver a ser abandonado. Este es un buen ejemplo de cómo en ocasiones nuestra mente subconsciente, en aras de nuestra supervivencia, saca conclusiones profundamente equivocadas. A partir de ahí, el coach y el hombre comenzaron el trabajo de sanación y mejora.

Este caso puede pacecer extremo. Sin embargo la necesidad de controlar a nuestras parejas o a nuestros hijos está más presente en la sociedad de lo que parece. Las justificaciones van desde los celos hasta el velar por su seguridad, sin embargo a menudo debajo de esta necesidad de control se encuentra el miedo a la soledad. Son una gran combinación, van de la mano, altamente compatibles, como un match en Tinder. Por eso si notas que te ocurre esto mira en tu interior y piensa en qué experiencias de tu infancia pudieron llevarte a alimentar esos miedos. Y en la medida de lo posible, abrázalos y déjalos marchar. Será mejor para tí y para los que te rodean.